Otra vez la Feria del Libro y los organizadores, en su júbilo, vuelven a pasar por alto uno de los puntos débiles, que casi todos los asistentes perciben pero que nunca ha sido señalado a través de los medios de comunicación: la saturación de niños en un porcentaje excesivo de las horas de visitas.
Cierto que el papel fundamental de los organizadores es atraer la mayor cantidad de visitantes y, sobre todo, poner en contacto con el libro a los sectores mas jóvenes de la población. Pero es una realidad incuestionable que la voluminosa presencia de niños –casi todos en uniforme escolar- durante todas las mañanas y todas las tardes, crea un ambiente propio de parque de diversión, que conspira contra el ambiente cultural que se trata de establecer.